Las Dos Caras de Beck: La dosis mínima

A FAVOR:

WILSON BORJA

LA ETERNA DISCUSION SOBRE LA DOSIS MINIMA
Por: Wilson Borja Díaz Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla. @WilsonBorjaD Facebook: Wilson Borja Colaborador


Cómo podían pensar los primates que su gusto por la fruta madura, que presentaban cierta cantidad de azúcares fermentados los responsabilizaría del gusto por el alcohol etílico que tiene la humanidad. Cómo podían pensar los indígenas americanos, 3.000 años antes de Cristo, que su gusto por la Nicotiana tabacum los haría responsables del cáncer de las vías respiratorias. Cómo podían pensar los sumerios y los egipcios del siglo XVI antes de Cristo que la dormidera (opio) y el hachís, como también los indus y chinos en su uso milenario de la cannabis, al lado de los indígenas americanos con la utilización de la coca con fines rituales y para controlar el hambre, serían responsables de los graves efectos para el ser humano de lo que se conoce como sustancias psicoactivas.
Tiene culpa la humanidad de las adicciones “modernas” como al sexo, al juego, a la pornografía, la televisión, al deporte, a las nuevas tecnologías, al móvil, al internet. De consecuencias negativas en mayor o menor grado para el ser humano y cuyo objetivo es ser negocios para la acumulación capitalista.
Por ello, es eterna la discusión sobre la dosis mínima, porque diluye el debate de fondo sobre el negocio del narcotráfico, que deja más muerte que el mismo uso de las sustancias psicoactivas y que, en nuestro caso, es el sometimiento a una política de EEUU, si se tiene en cuenta que a su circuito económico le beneficia los dineros ilegales; quien además fue el primero en legalizar el uso de la cannabis después de llevarse la mejor semilla de Colombia, como hizo con el trigo y otros productos del campo con los llamados PLANES INDICATIVOS; hasta la intervención en el conflicto armado con el Plan Colombia, violación de nuestra soberanía, aceptada por los gobiernos de los mismos con las mismas. Causas, entre otras históricas, de la situación crítica de los campesinos que siembran las especies florales, de donde se extraen las materias primas para hacer las mencionadas sustancias.
En la eterna discusión debemos recordar que en 1994 la Corte Constitucional declaró inexequible los artículos 51 y 87 de la ley 30 de 1986, llamada Estatuto Nacional de Estupefaciente, que penalizaban el consumo de la dosis personal, con los argumentos: de que a una persona no se le puede juzgar por lo que posiblemente hará sino por lo que efectivamente hace. Por lo tanto, ser drogadicto no es punible en sí mismo, sino que hace parte de la decisión personal de serlo y que solo está limitado a que no interfiera en la libertad y los intereses de otra persona. Igualmente, nuestra constitución es libertaria, democrática, no autoritaria y mucho menos totalitaria y por ellos las leyes deben ser del mismo sentido. Además, cada ser en es libre de aceptar o no la recuperación de su salud. Así mismo, cada quien debe darle un sentido a su existencia y un rumbo. Que el Estado debe remover el obstáculo mayor y definitivo de la ignorancia por medio de la educación. Y por último, el legislador tiene que regular las circunstancias de lugar, de edad y temporalidad dentro de las cuales el consumo de drogas puede ser nocivo para otras personas.
Sin embargo, todas estas razones son también aplicables a consumos permitidos de hamburguesas, perros calientes, morcillas, chicharrones, gaseosas y toda clase de comida chatarra. Por este motivo, no se puede penalizar el gusto personal o los oídos sordos al daño que pueden producir. En conclusión, más temprano que tarde se tomará la decisión, ojala internacional, de legalizar el consumo de las mencionadas sustancias para darle el tratamiento de salud necesario y regular todo el aspecto económico que es el principal objetivo como todas las adicciones señaladas.

 

 

EN CONTRA:

JUAN CARLOS WILLS

MICROTRÁFICO: ¿ESTAMOS PERDIENDO LA BATALLA?

Ninguna Dosis para Nuestros Hijos.

Según el Departamento de Planeación Nacional para el 2017, 6,735 niños permanecían internados en el ICBF bajo un proceso de restablecimiento de derechos por consumo y adicción de drogas. 2.488 niñas y 4.246 niños. De ellos, 49, tenían entre 0 y 5 años ¿Son acaso estos 49 niños hijos de consumidores?

Mientras nuestros niños y jóvenes están en este estado de vulnerabilidad, las bandas de microtráfico viven hoy en plena impunidad y el estado, indiferente, se vuelve partícipe de ese beneficio para la delincuencia. El Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, denunció en días pasados que casi la mitad de 276 personas que fueron capturadas en flagrancia -y que además se presume eran expendedores de drogas- fueron dejados en libertad, argumentando que la droga que llevaban era para su consumo.

Lo lamentable es que cuando las cifras de consumo en niños y niñas son cada vez mayores, y quienes defienden la dosis mínima, siguen amparándose en que el ser humano es libre incluso de causarse daño así mismo, para llevar a la ley -o a las decisiones judiciales- a la laxitud que permite patrocinar semejante esperpento jurídico, con una ruta donde se evidencia y se reconoce el riesgo del consumo de drogas que luego determina que el libre desarrollo de la personalidad prima sobre el derecho a una vida digna y a la salud.

La institucionalidad no ha estado a la altura de este debate: un Congreso ausente para legislar y debatir en profundidad sobre estos temas que están acabando con nuestra sociedad; unas altas Cortes que mediante sus sentencias actúan como legisladores, ampliando el espectro de lo que significa dosis mínima, de lo cual da cuenta la Ley 30 de 1986 que estableció los parámetros para el porte de estupefacientes y que habla por primera vez de esa dosis mínima para el consumo personal. Y decisiones que siguen postergando el debate: la Corte Constitucional en un fallo de 2012 dejó sin vigencia la penalidad por el porte y consumo de dosis mínima y en 2016, la Corte Suprema cambió la jurisprudencia y determinó que el consumidor o el adicto pueden portar la “dosis de aprovisionamiento”, que son aquellas que pueda tener una persona para su consumo personal.

Esta ruta permisiva lo que ha generado un incremento desastroso del microtráfico el cual ya supera con creces lo establecido como mínimos de esas jurisprudencias, y hoy se convierte en un fenómeno de grandes proporciones de afectación social: el jibaro puede portar las dosis, venderlas, reabastecerse y seguir así con un círculo vicioso interminable que ha permeado a nuestras sociedad, a nuestras familias están a diario bajo la amenaza de las drogas e incluso a los espacios públicos que están dominados por estas bandas delincuenciales; nuestros hijos desde que salen de la casa incluso hasta dentro de sus colegios tienen fácil acceso a las dosis personales y adicionalmente un estímulo por parte de estos bandidos a ser parte de esta cadena de la muerte que termina en narcotráfico.

 

Durante la campaña, advertimos de esa realidad; recorrí cada una de las 20 localidades de nuestra ciudad escuchando a las comunidades y por supuesto sus problemáticas, encontrando un problema en común: el microtráfico que necesariamente desencadena en delincuencia, en parques inhabitados por la presencia de adictos y de jibaros y una Policía impotente que bajo los presupuestos de ley, se encuentra maniatada para actuar.

Es de general conocimiento que las bandas de narcotráfico utilicen niños, los vuelvan adictos y los encarguen de vender narcóticos, además de cometer cualquier cantidad de delitos. Por eso es importante actuar ya, para abolir de manera definitiva la dosis mínima y de aprovisionamiento. Lo que fue un compromiso de campaña, lo convertiré en ley y radicare el próximo 20 de julio un proyecto de ley para penalizar el consumo y porte de la dosis mínima. Seremos protectores del consumidor, pero aplicaremos todo el peso de la ley para el narcotraficante. Ojalá armonicemos las propuestas con la que ahora anuncia la Fiscalía General de la Nación y logremos atacar el fenómeno del microtráfico en todos sus frentes.

 

Juan Carlos Wills Ospina
Representante a la Camara por Bogota
@JuanchoWills

 

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