Ensayo: ¿Huelga de piernas cruzadas?

Por Javier Loaiza

Clínica Santa Fe, Bogotá, Noviembre 14 de 2017

Por favor, no se lo des a un corrupto

Sólo las mujeres pueden arreglar esto. Las mujeres con su capacidad de convertirse en freno, filtro y control de la ambición desmedida, y el rompimiento de los valores y normas por parte de los varones.

Si estás con tu pareja y de pronto llega con un paquete de dinero en efectivo y te dice – Mija, guardemos esto por aquí, porque hice un negocito y me lo gané. Por favor empieza a sospechar que está en algún negocio sucio.

Si trabaja en el sector público seguramente ese “dinerito” extra es producto de un acto de corrupción, de abuso de poder y de aprovechamiento de lo público. Si trabaja en el sector privado o en una ONG, probablemente está haciendo negocios por fuera de su competencia. Sino está en ninguna de esas dos ocupaciones, está estafando a otros, está lavando dinero sucio o está involucrado directamente en negocios de narcotráfico.

Si, además, al poco tiempo te pide que mires por la ventana un regalo, y ves estacionada la mega-camioneta que habían soñado, y amorosamente te ofrece las llaves para que la conduzcas, pero aún sigue con el mismo sueldo de su trabajo, ya no sospeches, por favor, ten la seguridad que tu pareja es un bandido.

Si pasados unos días te lleva a conocer un apartamento cuatro veces más grande, totalmente dotado, nuevo y lustroso, e incluso lo escritura a tu nombre, ya, no sólo él es un bandido, tú eres su cómplice.

De paso, los hijos ya no estudian en un colegio en el que se veían a gatas para pagarlo, sino que ahora estudian en colegios que parecen de fantasía y en los que pagan el año anticipado. Y todo con el mismo cargo y con el mismo sueldo o apenas alguna mejora no significativa.

Ya luego, metidos en el pantano, qué carajo, un apartamento de verano en Cartagena, y por qué no en Miami. Ya no sólo estés segura y disfrutando de esa abundancia sorpresiva, ten seguro que cuando caigan, los hijos los van a mirar, a preguntarles y, probablemente recriminarles a la vez que se quejan del bulling que les hacen, si no es que algunos se animan a seguir los pasos del padre, lo cual seguramente será muy doloroso.

Corrupción

Ante un escenario de impunidad generalizado en Colombia, pareciera que lo más probable es que no haya riesgo de caer en manos de la justicia, pero claro, cuando caen, caen con todo y en medio de los más estelares escándalos.

Se afirma que si la gente tiene seguridad de que si viola alguna norma va a ser sancionada, eso por sí solo funciona como un disuasor en un alto porcentaje. En cambio, si tiene la certeza que lo más probable es que no le pase nada, asume el riesgo e incluso lo hace de forma cínica y desfachatada

En febrero de 2016, el exministro de justicia Yesid Reyes informó que ocho de cada diez colombianos no cree en la justicia. Por su parte, el Fiscal General Néstor H. Martínez señaló en noviembre de 2017, que la criminalidad oculta en el país es superior al 76%, pues de cada 100 delitos los colombianos solo denuncian 24. Para agregar luego, que la impunidad es del 99%, seguramente, medida sobre ese 24% de lo denunciado. “En el 2015 se habrían cometido en el país 3,5 millones de delitos y solo se produjeron 51.000 sentencias condenatorias, lo que equivale a solo el 6 % de las noticias criminales efectivas que se registraron en la Fiscalía”.

Esas tres noticias, no creencia en la justicia, mínimo porcentaje de denuncias e impunidad de casi 100% fueron registrados en los medios de comunicación y la noticia no duró más de dos o tres días, pasaron como una anécdota más en este convulsionado país; todo siguió como si nada. Más preocupación hubiera causado en los colombianos que la selección colombiana de fútbol hubiera perdido un partido, deporte que sí ha sido capaz de movilizar los sentimientos de grandes sectores de la sociedad.

Juan Ricardo Ortega, exdirector de la Dian, por su parte, estima que el sector privado se embolsilla 60 billones de pesos al año por conductas corruptas, casi una cuarta parte del presupuesto nacional, alrededor de 1,2% del PIB Nacional, lo que significa un impuesto extra del 25% para todos los colombianos, en beneficio de unos cuantos bandidos que se campean orondos, en una danza de contratos amañados y sin control. Según estimativos, ese dinero representaría más de un millón de casas de interés social.

En el presupuesto nacional de 2017 el sector educación recibió una asignación de $33,9 billones y el de defensa $39,4 billones. Se destinaron $35,9 billones para inversión pública, $34,2 billones para gastos de funcionamiento del Estado y $51,5 billones para el pago del servicio de la deuda estatal. Los rubros de ciencia y tecnología y cultura, sumados, apenas pasan del medio billón. Es decir, que con lo que se roban unos cuantos, podríamos casi duplicar el gasto en educación, por ejemplo.

Más grave aún, el 80 por ciento de los empresarios colombianos preguntados en la “Encuesta global sobre el fraude 2016”, de Ernst & Young, admitieron que en sus negocios hay corrupción. Y lo que es peor, el 30 por ciento está dispuesto a falsificar estados financieros y pagar sobornos por un contrato.

En ese escenario, los corruptos se desbocaron y actúan sin control, con carteles, arreglos, componendas, en fin. Por esa vía vienen arrastrando al país. Y, es muy probable que no los investiguen aunque si los investigan, entregarán parte de esa plata a investigadores y jueces corruptos, reciclando el proceso y logrando que eventuales fallos demoren años y años hasta que ya a nadie le importe, o que por cualquier tecnicismo raro, resulten “inocentes”. Muchos de los casos podrán haber sido manejados por la red de magistrados corruptos que venden fallos, absoluciones y otros pronunciamientos judiciales. Si además del Congreso desacreditado, de un ejecutivo despreciado por los ciudadanos, ahora se pone en evidencia la enorme corrupción en la rama judicial, esto realmente no tiene más para dónde ir.

Aunque si su caso se filtra a los medios, como chivo expiatorio, no se podrá librar del escándalo público, y usted, señora no podrá decir con lágrimas en los ojos: -Yo no sabía.

La mujer en la sociedad

La mujer en las sociedades, a pesar de la minusvalía a la que históricamente fueron sometidas, siempre representó un freno y control a las acciones de los varones. Las madres y esposas con su consejo, sus advertencias, e incluso sus regaños significaron el alto a los excesos de sus esposos e hijos.

No es menos cierto que la sociedad es esencialmente patriarcal, machista, y que todo el modelo de desarrollo se ha hecho en torno a la perspectiva de los varones, desde la familia hasta lo público, en lo político, lo económico y las distintas manifestaciones de la vida social, incluso hasta las religiones se alimentan de ese espíritu cargado de testosterona. Se puede afirmar que la historia de la política es el relato de la competencia entre los varones por el poder, entendido este como la capacidad de someter y dominar al resto. De hecho, entonces, la mayoría de actores pequeños medianos y grandes de la política son varones, así como en las empresas y corporaciones de todo nivel.

Por tanto, no es extraño verificar que la inmensa mayoría de casos de corrupción son realizados por los hombres. Con esta reflexión pretendo significar que la corrupción no es un problema de los hombres, sino que es mayoritariamente de varones por su casi excluyente presencia en las posiciones de poder y mando. No es que necesariamente los hombres sean más o menos corruptos que las mujeres.

La mujer, filogenéticamente, es protectora y por tanto es capaz de hacer actos increibles para defender a su prole e, incluso, la sociedad.

La mujer desde la segunda mitad del siglo XX empezó a emerger y participar e intervenir en todas las esferas de la vida social, pública y empresarial, demostrando su capacidad e inteligencia para actuar de tú a tú en cualquier escenario de la vida. Aunque todavía representan una presencia minoritaria en gran parte de las áreas de la sociedad.

Sin embargo, jamás han perdido ni perderán esa capacidad de reflexión y su poder de control hacia los hombres. Claro, si hay tanto corrupto, es por supuesto con la anuencia tácita o incluso a veces activa de sus mujeres y madres, algunas cuantas ambiciosas que empujan a los tipos. Aunque seguramente, en la mayoría de los casos es al revés. En ese espíritu competitivo, de querer tener más que los otros, de ostentar dinero, poder y fama, de halagar a sus mujeres con toda clase de bisuterías, los varones se han vuelto más proclives a la corrupción.

Otro aspecto que influye y es necesario mencionar es la enorme falta de oportunidades para progresar y que toca a hombres y mujeres, pero que afecta a las familias y a la sociedad. Colombia es uno de los tres países más desiguales de América Latina y está entre los diez con mayor desigualdad en el mundo. El promedio de los colombianos debe esperar 35 años para que se duplique su nivel de ingreso. Además, el poder corruptor del dinero del narcotráfico crea la ilusión de una prosperidad en abundancia, generando el daño cultural quizá más grave de este negocio criminal, al provocar en los jóvenes la idea de hacerse rico cuanto antes y a como dé lugar. Y en ello caen hombres y mujeres por igual. Incluso muchos frente a una “oportunidad” simplemente reflexionan: si no lo hago yo otro lo hará.

Necesitamos que las mujeres retomen su papel de protectoras como conciencia en la casa, en la familia, que adviertan, pongan frenos y controles, que no sean permisivas, indolentes, que regañen. Es hora de frenar esta situación.

Por ejemplo si es una estudiante, jóven profesional, averigue la fuente de recursos de su generosa pareja y deténgase si es necesario. Si es parte de una familia que ya está en negocios raros, como madre o esposa, sería buenísimo que haga una refexión y provoque un pare, pregúntese cuantos niños están muriendo a causa de los negocios e su hijo o pareja, cuantas vías y obras quedan sin terminar o con mala calidad, cuantas vías de acceso para los campesinos se hacen mal por la participación. Si es la pareja o la madre de un empresario que está haciendo negocios “torcidos”, por favor abra los ojos, no se engañe. Evalúe los fondos con que cuenta y vea que su familia puede vivir muchos años con ellos. Entonces, sería maravilloso decir basta.

Huelga de piernas cruzadas

Solo las mujeres pueden servir de freno y filtro a los abusos. Se juntan entonces en este momento en el país varios factores: 1. el descaro y el tamaño desmedido de la corrupción, 2. una impunidad casi absoluta, 3. falta de sanción social, que podría representar un freno significativo y estimularía a los ciudadanos a pronunciarse en forma individual y o colectivamente, al contrario, a muchos se les ve y oye casi admirando a quienes violan las normas y se enriquecen sin que les pase nada. Por tanto, es necesario tomar medidas desde la sociedad, desde el ciudadano. Es necesario sentirse ofendidos, reaccionar, actuar.

Mientras, podría ser posible recurrir a la vida íntima, casi como último recurso para estimular una cultura de vida ética que le ponga freno al “todo vale”. Ha habido en las historia casos en que las mujeres se han organizado y presionado a los varones, unas veces exitosamente, otras no.

En el 411 a.C., Lisístrata (en griego Λυσιστράτη “la que disuelve el ejército”) título de la obra de teatro de Aristófanes, describe la primera huelga sexual de la historia llevada a cabo por mujeres.

Cansadas de continuas luchas en el Peloponeso entre Atenas y Esparta, mujeres de ambas ciudades deciden iniciar una huelga de sexo hasta que los hombres dejen las armas. Lideradas por Lisístrata quien plantea al resto de mujeres de la “polis” la solución perfecta para acabar con la interminable guerra del Peloponeso: la abstención sexual, una huelga de vaginas. Lisístrata las convence, a pesar de las dudas y reticencias de muchas, y pactan un juramento por el que se comprometen a excitar a sus maridos para luego negarles tener sexo. El pacto se propaga por las ciudades para que repercuta en los combatientes de ambos lados.

Sólo les dejan a los hombres las opciones de la prostitución, la masturbación o una forma de homosexualidad “forzada”. Las prostitutas se suman a la campaña, los espartanos rechazan masturbarse por impropio de semejantes guerreros, y seguramente algunos un poco tímidamente toman la tercera vía. Finalmente se firma la paz entre Atenas y Esparta: los hombres deciden terminar la guerra, les ha podido su deseo sexual. Las mujeres han ganado.

A partir de ahí, hay casos significativos usando la misma estrategia, en distintas partes del mundo y con diferentes motivos.

En 2002, la activista liberiana Leymah Gbowee creó el grupo Women of Liberia Mass Action for Peace, integrado por mujeres musulmanas y cristianas, con el propósito de conseguir la paz en su país. El acto más llamativo de esta organización fue el ponerse “en huelga de sexo”, hasta que sus maridos no dieran fin a la guerra civil que vivía Liberia desde 1989. El conflicto finalizó un año después, en parte, gracias a su contribución. Leymah obtuvo el Premio Nobel de la Paz, en 2011.

Por la misma época, en Togo, el colectivo Salvemos Togo organizó una huelga de sexo para exigir la dimisión de su presidente, Faure Gnassingb.

Las huelgas de sexo no solo sirven para terminar guerras, sino también para conquistar derechos, o al menos servicios básicos, como lo son las infraestructuras para el agua potable y carreteras.

En 2009, en Irka, Turquía, las mujeres utilizaron este recurso para que sus maridos solucionaran el problema de la escasez de agua en la localidad. El propio alcalde tomó cartas en el asunto y advirtió a sus ciudadanos masculinos que de seguir así, la falta de agua se convertiría en motivo de divorcios. La iniciativa inspiró la película La fuente de las mujeres (2011).

En Colombia, en el municipio de Barbacoas, tras 110 días de protesta con el movimiento Piernas cruzadas, un grupo de mujeres consiguió que el Gobierno cumpliera con la reparación de la carretera que comunicaba el pueblo con el resto del país, y que además les permitía tener un acceso real a la asistencia sanitaria de la ciudad.

En Europa, en 2011, la idea de la huelga de sexo como medida de presión apareció en Bélgica. La senadora flamenca, de izquierda, Marleen Temmerman, propuso a las mujeres, y en especial a las parejas de los negociadores políticos, que se abstuvieran de relaciones sexuales hasta que no se formase un nuevo Ejecutivo en Bélgica que, a comienzos del mes de febrero, llevaba alrededor de 241 días sin Gobierno.

En 2014 la mujeres intentaron una campaña de protesta contra la anexión de Crimea a Rusia y en su boicot al país que dirige Vladimir Putin, lanzaron una campaña de piernas cruzadas con el slogan Don’t give it to a Russian (No se lo des a un ruso). Campaña que a los rusos no les inmutó.

La Nobel liberiana Leymah Gbowee, afirma que “el sexo puede ser algo exótico, pero hace que los hombres piensen”. Y desde luego, el hecho de que un grupo de mujeres consiga grandes logros, con un gesto tan simple, como cerrarse de piernas, es para que todos reflexionemos.

“No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante. Aunque venga a mí en condiciones lamentables. Permaneceré intocable en mi casa. Con mi más sutil seda azafranada. Y haré que me desee. No me entregaré. Y si él me obliga, seré tan fría como el hielo y no le moveré”. Fragmento del juramento inicial de Lisístrata.

Así las cosas, y como una medida extrema, urgente, desesperada, ¿será descabellado que además de otras armas como la inteligencia, la palabra, el cariño, alguna mujer o colectivo de mujeres colombianas tome acción y promueva una iniciativa de esta naturaleza, de la vida íntima? Al menos, desde ahora, supone uno que no habría muchos que se arriesgaran a entrar en el carrusel de la corrupción. Por favor, no se lo des a un corrupto.

Ahora, si la corrupta es la mujer, ahí sí estamos jodidos.

Si quiere conocer más artículos del autor puede encontrarlos en www.javierloaiza.net

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